En el ámbito del X Encuentro Mundial de las Familias, que tuvo como lema “El amor familiar: vocación y camino de santidad”, el papa Francisco decía en la homilía de conclusión (25 de junio de 2022): “la familia es el lugar del encuentro, del compartir, del salir de sí mismos para acoger a los otros y estar cerca de ellos. Es el primer lugar donde se aprende a amar”. En este sentido el papa reconoce a la familia como ese lugar idóneo para acompañar y sostener a cada individuo en el camino de la vida, “la familia es verdadera escuela y camino de santidad”. Ciertamente este camino se realiza “a pesar de las dificultades, los momentos tristes y las pruebas... “Todos sabemos que llegan momentos en los que es necesario cargar sobre sí las resistencias, las cerrazones, las incomprensiones que provienen del corazón humano y, con la gracia de Cristo, transformarlas en acogida del otro, en amor gratuito”, insiste el papa.
Y ¿cómo fue la experiencia familiar de Conforti?, nos pudiéramos preguntar, estimados lectores, en este mes. ¿Cuáles son las realidades familiares que forjaron a un Santo como Conforti y que forman parte de este camino de aprendizaje vivido por él?
El niño Conforti nació en Casalora, Italia, 30 de marzo 1865, hijo de Rinaldo Conforti y Antonia Adorni; tuvieron diez hijos: Giacinto (1851-1875), Adele (1853-1873), Ismaele (1854-1857), Merope (1855-1861), Ismaele (1857-1919), Clotilde (1860-1941), Francesco (1862-1864), Guido (1865-1931), Merope (1866-1945) y Paolina (1870-1943); es de notar que tres de los hijos murieron siendo todavía niños y dos siendo ya jóvenes.
La mamá, Antonia Adorni provenía de una familia burgués de la ciudad de Parma cuyo padre era contador, tenía un terreno cerca de la propiedad rural de Casalora donde solían frecuentar los veranos. El papá Rinaldo era un “hombre de campo”, en un tiempo jornalero, pero con una “notable habilidad técnica en la administración y una fuerte dedicación al trabajo” que le dio la posibilidad de hacerse de tierras y administrarlas exitosamente, hasta el punto de convertirse en un “nuevo rico…, desprovisto de la formación cultural de la burguesía de su tiempo, pero con una competencia práctica y una capacidad empresarial” admirable. Esta habilidad y el contexto socio político de su tiempo le dio la oportunidad de adquirir propiedades que pertenecieron a la Iglesia y que quizá le hizo sentir, una cierta “ex comunión” de la Iglesia. Pero ciertamente será una realidad que marcará la vida de nuestro santo, sobre todo en “la oposición mostrada a la vocación eclesiástica de Guido y su ausencia en la primera santa misa de su hijo”. Mamá Antonia era una mujer de grande religiosidad, de igual manera algunas de las hermanas de Guido: Merope, soltera, permaneció cerca de su hermano obispo de Parma en los últimos diez años de su vida; mientras que Paulina se casó con el abogado Angelo Piva, conocido exponente del movimiento católico parmesano. Su hermano mayor, Ismaele, por el contrario, convivía con una mujer sin regularizar su matrimonio; fue Conforti, ya sacerdote que intervino y lo acompañó en su proceso de regularización, aunque no logró motivar en él una buena práctica religiosa. En fin, una familia, como todas, que con ejemplos de fe y con contradicciones forjan la vida de un santo.
¿Y tu familia, querido lector? ¿consideras que forja en ti y en los tuyos caminos de santidad?



