El mensaje del Papa Francisco para el DOMUND del año 2023 tiene un contenido vocacional. Que nace de tres momentos muy claros en el pasaje de Lucas. Para recordar el mensaje del DOMUND, el Papa Francisco nos propone meditar desde una clave de lectura vocacional el Evangelio de Lucas: 24, 13-35: es un cuadro muy emotivo, lleno de sentimientos encontrados que al final recae en la vocación misionera.
Hoy vivimos una realidad llena de inseguridad, en diversos ámbitos de nuestra vida ordinaria, unido a los mensajes constantes de una polarización social que cada vez nos separa y nos divide, perdiendo una identidad personal, haciendo que cada persona sea solo del montón. Esta realidad nos coloca en un estado emotivo de incertidumbre, tristeza y dudas, que van desde el contexto familiar a lo social y comunitario. Mi comentario va en el sentido de que cada lector descubra desde su propia experiencia de vida ordinaria una realidad semejante a la vivida por los discípulos de Emús.
El Evangelio nos cuenta que los discípulos eran seguidores de Jesús, ¿lo conocían o no?, Lucas no lo describe, pero sí podemos decir que en ellos hay semejanza a nosotros mismos, dependiendo de esa experiencia de vida en el seguimiento y cercanía con el Maestro. Los sentimientos de los dos discípulos que venían discutiendo por el camino me parece reflejan una sensibilidad a la que muchos de nosotros no nos atrevemos a expresar, por demostrar ante los demás una debilidad y fragilidad humana, contrario a lo que el mundo desea ver en nosotros. Es aquí en este espacio y tiempo, donde el Señor se presenta en el camino, en nuestro camino, y no lo reconocemos. Pero qué bien que en nuestra debilidad y fragilidad el Señor viene a nuestro encuentro para explicarnos las Escrituras.
El maestro aparece resucitado y glorioso para acompañarnos aún en nuestros tiempos. Me parece que en lo ordinario de la vida poco a poco hemos perdido esa sensibilidad para percibir su presencia, este encuentro del que llega a nosotros. Hay que reconocer que el lector es alguien evangelizado o no. Para ellos quisiera comentar que no es necesario partir de cero para vivir esta experiencia del Encuentro en el camino. El Señor nos acompaña y nos explica las escrituras, el Señor nos alerta en estar atentos en tener una lectura evangélica de la realidad. La semilla (la Palabra) sembrada por el Sembrador (Jesús) en nuestra mente para ser entendida y en nuestro corazón para ser acogida y amada, para que el Señor no llegue a decirnos “necios, acaso no estaba escrito en las escrituras lo que tendría que pasar el Mesías”.
En ocasiones creemos saberlo todo, haber experimentado todo. Tuve un maestro de teología que recuerdo nos decía en sus clases: “Dios y el hombre son un misterio. Y un misterio no tiene límites para conocerse o para darse a conocer”. No pongamos límites a descubrir cada día este misterio que es Dios y el hombre. Estamos llamados a vivir, estamos llamados a responder. Aquí nace el llamado de cada uno a la vida, a ser verdaderos discípulos. Cada uno va construyendo su proyecto en el ser y hacer para la construcción del Reino, sin perder el ser al que hemos sido llamados.
Desde mi experiencia vocacional, no es una tarea fácil descubrir la propia vocación, necesitamos del apoyo de aquellos que han hecho una experiencia de Dios. Mi mayor pretensión a quien dé lectura a esta reflexión es que le inspire el deseo de descubrir su propia vocación. El final del pasaje de Lucas se concluye que la experiencia que da origen a la vocación y a la misión es la Eucaristía: “y reconocieron a Jesús en la fracción del pan”. Él ya no les dijo vayan y hagan, simplemente sentían la felicidad y la alegría de contemplar al Maestro. Finalmente, podría asegurar que la vocación nace de esta experiencia con Jesús (Encuentro) y de la contemplación. Decía San guido Ma. Conforti, haciendo un paralelismo vocacional: “Él me miraba y yo lo miraba y parecía decirme tantas cosas”.
Los invito a ser promotores de una vocación misionera, y descubrir donde ha caído la semilla del Sembrador. O bien seamos colaboradores del Sembrador, sembrando la semilla de la vocación. Ya sea sacerdotal, religiosa, o la del matrimonio.
¡Que sea por todos conocido y amado, Nuestro Señor Jesucristo!

