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Xaverianos

No podemos servir a los dos

Autor: P. Osvaldo Pulido /

La frase “cuanto tienes, cuanto vales” nos lleva a pensar que en nuestros días, quien no llega a un cierto estatus social, queda fuera de juego y del grupo. El dinero, cuando se convierte en un dios nos encamina a enfrentarnos contra nosotros mismos. El texto de Lucas 16, 1-13 nos invita a tomar una opción o bien por Dios o por el dios dinero. 

La parábola con la que inicia el capítulo 16 nos narra la historia de un administrador hábil que supo hacer amigos utilizando sagazmente los recursos que tenía a su alcance, renunciando a la comisión que le tocaba. Esta parábola que va dirigida a los discípulos, pero también hace mención a los “fariseos, amantes del dinero” y por qué no decirlo, esta parábola interpela también nuestra manera de vivir ya que estamos inmersos en una sociedad cada vez más materialista donde la persona cuenta en la medida que tiene dinero.

Fiel en lo pequeño 

Cuando Jesús nos habla en parábolas, pretende darnos una enseñanza. El relato nos obliga a sacar una moraleja que nos haga cambiar de rumbo nuestra vida. En esta parábola, el administrador trata de sacar ventajas materiales, pero a nosotros se nos invita a sacar ventajas espirituales, se nos lama a ser sabios para sacar provecho de lo que nos hace ricos ante Dios, a valorar aquello que dé vida a nuestra existencia.

La frase que resume la parábola del administrador sagaz es: “…Los que pertenecen a este mundo, son más sagaces con su propia gente que los que pertenecen a la luz” El creyente está invitado a imitar la sagacidad y la astucia del administrador no solo en beneficio propio, sino en ayuda de los demás. Jesús pone su confianza en aquel que sabe ser fiel en las cosas pequeñas porque con el tiempo se le irá confiado aún más.

Un solo fin: Dios 

El relato cierra con una sentencia: “No podemos servir a Dios y al dinero”, servir al dinero es ver la riqueza como algo que me da seguridad, es poner en el centro de mi vida al falso yo, y poseo egoístamente al otro en la medida que me proporciona un beneficio. Servir a Dios, en cambio, es servir al creador, desplegando todas las posibilidades de mi ser. Decidirme servir a Dios es ponerme en camino a servir incondicionalmente a mi prójimo.

Jesús, nos recuerda que: no podemos tener dos fines últimos, sino uno sólo. Todas las demás cosas materiales incluido el dinero, está al servicio de este fin último: Dios. El principio y fundamento de los ejercicios ignacianos nos habla del fin de debemos alcanzar: “El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor…, de donde se sigue que la persona ha de  usar de las cosas creadas en cuánto le ayuden para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuánto para ello le impiden...”

   Reflexión personal

El dinero es un valor, pero Jesús me pone en alerta para que no me deje llevar por aquello que aparentemente me da la felicidad: el dinero y lo material. ¿Qué valor le doy al uso del dinero? ¿Me siento esclavo de los bienes materiales que tengo? o ¿Sé tomar mi  distancia de las cosas efímeras y pasajeras?      

Jesús, habla del dinero como “dinero injusto o riqueza injusta”, un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero ¿Me he puesto a pensar si mis bienes y el dinero que tengo lo he ganado de manera licita? ¿Administro y comparto mis bienes con los más necesitados?

 Como seguidor de Jesús, él me pide tomar una opción que afectará positiva o negativamente mi vida: servir a Dios o al dinero. ¿Qué valor tiene el dinero para mi vida? ¿Dónde está puesto mi corazón en este momento? En mi jerarquía de valores: ¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida?