Autor: Umberto Marsich /
Dando continuidad al tema anterior sobre la fidelidad y estabilidad en el matrimonio, vamos a profundizar en el tema tomando en cuenta el significado humano y cristiano de la sexualidad. Con esta reflexión, desde luego, queremos ponerlo dentro de la perspectiva del plan de Dios y de la colaboración requerida de la persona.
Significado humano
Los humanos somos todos “seres sexuados”, es decir, dotados de sexo y sexualidad. Cuando hablamos de sexo, nos referimos, más precisamente, a la dotación natural de órganos genitales, mientras con el término sexualidad queremos señalar el ‘modo de ser’ y de ‘relacionarse’ de cada persona, en línea con la masculinidad o feminidad de su específica identidad genital. Que lo masculino o lo femenino sean producto social, indudablemente es una teoría fantasiosa y falsa. Lo que sí es cierto, es que el órgano sexual principal del ser humano, aun cuando parece extraño, es la ‘corteza cerebral’. Al cerebro, en efecto, llegan todos los estímulos de los sentidos y desde allí sale su decodificación y las órdenes correspondientes. La sexualidad, por tanto, es un elemento básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir en orden al amor. Abarca, en efecto, sensibilidad, impulsos, más que instintos, emotividad, espiritualidad, rasgos físicos y psicológicos diferentes, etc. El buen Dios, que es esencialmente ‘Amor’, al crearnos a su ‘imagen y semejanza’, bien nos diseñó como seres ‘sexuados’, es decir, para ‘amar’.
En nuestro ser ‘sexuado’ encontramos la razón por la cual nos sentimos impulsados hacia la comunicación. Ésta, por cierto, es progresiva y diversificada. Podemos decir que inicia desde el seno materno, con el ‘diálogo amniótico’ entre madre y feto; luego, en la infancia la comunicación se experimenta a través del juego. Es en la adolescencia cuando la comunicación empieza a revestirse, más sensiblemente, de sentimiento y afecto, volviéndose ‘amistosa’; ya en la juventud, asume rasgos marcadamente ‘amorosos’ de contactos físicos y gratificación afectiva por asumir, ya en la madurez de los esposos, el lenguaje ‘esponsalicio’, o sea, del cuerpo total en una donación, sumamente gratificadora de persona a persona, estable, fiel y procreadora. En el atardecer de la vida, es decir, en la tercera edad, la comunicación debería expresarse en un tierno testimonio de valores y de sabiduría. Cada etapa de la vida personal, consecuentemente, tiene su propio ‘lenguaje corporal-sexual’ que, desde luego, hay que respetar. La fuerza de los impulsos y lo placentero de los estímulos, sin embargo, hacen que resulte humanamente más fácil equivocarnos de lenguaje sexo-amoroso, cometiendo, así, tantas torpezas y errores sexuales.
Significado cristiano
La sexualidad, en fin, ha sido pensada por Dios para que gocemos la belleza del amor de pareja y nos abramos generosamente a la vida, a la trascendencia. Amar y dar vida, por cierto, son las finalidades que Dios ha puesto en nuestra naturaleza sexuada y, por ninguna razón, nos corresponde a nosotros inventar otras u acomodarlas según nuestro antojo o maldad. Con disciplina, esfuerzo, conciencia y ‘fe’ lograremos, seguramente, cumplir con este maravilloso proyecto que Dios nos ha regalado. ¡Ánimo!

