Me llamo Rafael Aguilar Flores. Tengo 32 años. Soy de Jiutepec Morelos y soy un novicio Xaveriano.
Pertenecía al Instituto de los Misioneros Combonianos, estudié con ellos la filosofía, la teología y una especialidad en Teología Bíblica. Enseñaba italiano en la Casa de Cultura de mi ciudad y apoyaba a mi diócesis en la formación bíblica para catequistas.

Por los misterios de la vida, no me fue concedido ser comboniano. Entonces, convencido de mi vocación sacerdotal y misionera, continúe buscando dónde Dios me guiaba para seguir su llamado. Mi familia siempre me ha apoyado mucho en este caminar, sobre todo porque me quieren ver feliz, y reconocen que como misionero irradio esa felicidad que Dios quiere para cada uno de nosotros.

Desde niño he soñado con ser sacerdote, sobre todo porque la figura de mi párroco me inspiraba mucho, él se donaba a los demás y se veía siempre contento. Algunas veces lo acompañé a visitar enfermos y entonces comprendí que yo quería ser sacerdote. La vocación misionera llegó después, cuando a los 17 años tuve la oportunidad de vivir mi primer misión en una de las comunidades rurales de mi estado de Morelos. Mi sueño se complementó en querer llegar a ser sacerdote misionero.

La primera vez que conocí a los xaverianos fue en la pastoral vocacional de Guadalajara. Yo tenía la ilusión de estudiar la teología en Filipinas pero el proyecto de abrir un teologado comboniano allá no se concretizó y fui destinado a Nápoles Italia, allá conocí a un xaveriano italiano que estudiaba la filosofía y compartimos nuestra pasión por la misión.

Escribí al promotor vocacional a través de las redes sociales y recibí respuesta inmediatamente, me enviaron a hacer una hermosa experiencia en una de las comunidades de la huasteca hidalguense y comencé a empaparme del carisma xaveriano.

Lo que más me gusta de los xaverianos, además del carisma misionero, es la fraternidad que experimento entre sus miembros, como comunidad religiosa se esfuerzan por vivir el Evangelio y mostrar el rostro de Cristo hacia los que más lo necesitan. El lema: “hacer del mundo una sola familia” me hace sentir que estoy en el lugar donde debo estar.

Actualmente estoy en el noviciado xaveriano de Salamanca Guanajuato, mi sueño es llegar a ser sacerdote misionero en China, así como los soñaron San Francisco Xavier y nuestro fundador San Guido María Conforti, primero porque considero que es uno de los lugares más difíciles donde se requiere evangelizar, segundo porque tengo la certeza de que Dios está conmigo y me acompañará en ese gran reto.

Invito a todos los jóvenes a que sigan luchando por sueños, sobre todo cuando parezca que todo se pone en contra, es mejor sufrir en la lucha con la esperanza de algún día alcanzar nuestros sueños, que lamentarse por no haber tenido el valor de intentar realizarlos. Cada día es una oportunidad para recomenzar, porque Jesús hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5). 




