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Alberto Morales Reyes

Jornada Mundial de los Enfermos 2019

Cada año, el 11 de febrero, fiesta de la virgen de Lourdes, la Iglesia dedica una jornada de oración, de solidaridad y de reflexión en favor de los enfermos. La intención es crear conciencia sobre la necesidad de amar a nuestros hermanos y hermanas cuya salud se ve afectada por alguna enfermedad.

La enfermedad es una experiencia humana que todos, tarde o temprano, la vivimos. Las enfermedades tienen muchas causas: hereditarias, adquiridas o provocadas por el mismo ser humano.

 Cuando nos enfermamos nos damos cuenta de la fragilidad de nuestra naturaleza humana. A nadie le gusta enfermarse, pero cuando la enfermedad llega la podemos tomar de diferentes maneras. Aún en nuestros tiempos hay quienes consideran que la enfermedad es el fruto de nuestros pecados, o que vienen de la brujería, esto refleja, además de ignorancia, que no aceptamos nuestra fragilidad y por eso buscamos explicar nuestros males con causas externas.

Muchas veces renegamos de las enfermedades que padecemos, pero en esos momentos Dios nos muestra también su misericordia y su ternura de diferentes maneras. Dios nos hace pasar por diferentes etapas para comprender la enfermedad, nos rebelamos, nos angustiamos hasta que aceptamos nuestra fragilidad. Al final de cuentas él también pasó por el dolor y el sufrimiento: “Él que soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores… sobre él descargó el castigo que nos sana y con sus cicatrices nos hemos curado” (Is 53,4-5). También la enfermedad nos lleva a cuestionarnos sobre los problemas esenciales de la vida, nos da la ocasión de redescubrir la necesidad de orar. En muchos casos se experimenta la cercanía de los demás, nos visitan los amigos o nosotros mismos visitamos a los enfermos. En fin, la enfermedad nos empuja a ser solidarios.Enfermos2

En cada Jornada Mundial de los enfermos el Papa suele dirigir un mensaje para consolar a los enfermos y para invitarnos a ser más humanos con ellos. En esta ocasión nos dice el Papa Francisco: “Cada hombre es pobre, necesitado e indigente. Cuando nacemos, necesitamos para vivir los cuidados de nuestros padres, y así́ en cada fase y etapa de la vida, nunca podremos liberarnos completamente de la necesidad y de la ayuda de los demás, nunca podremos arrancarnos del límite de la impotencia ante alguien o algo. También esta es una condición que caracteriza nuestro ser “criaturas”. El justo reconocimiento de esta verdad nos invita a permanecer humildes y a practicar con decisión la solidaridad, en cuanto virtud indispensable de la existencia… El cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta “querida”.”

Ocuparse de los enfermos no es cosa fácil, todos lo sabemos, por ello recordemos también a aquellas personas que se dedican a cuidarlos para que tengan paciencia y que el Señor les recompense su arduo y humilde servicio al prójimo.

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