Parece fácil, sin embargo, para llegar estas Bodas de Plata Sacerdotales se ha requerido de mucho esfuerzo, de paciencia, de perseverancia, de humildad y más, pero Dios nos ha acompañado a lo largo de este caminar.
Fuimos ordenados un 18 de agosto de 2001 en la Basílica de Guadalupe, Ciudad de México, éramos 4 sacerdotes Ramón Cristino Martínez Antonio, Rafael Cuevas Granados, Everardo y Alberto, ese día recibió el diaconado Gerardo Pretel. Nuestra ordenación coincidió con la conclusión del Jubileo de los 50 años de llegada de los Misioneros Xaverianos a México. Y en este año se cumplen los 75 años de presencia xaveriana en México, es decir, que nuestro sacerdocio va de la mano con los jubileos de nuestra Región Xaveriana de México. Hoy sólo quedamos dos de los 4 que fuimos ordenados ese día, Ramón y Rafael decidieron servir a Dios de otra manera.
No hemos celebrado en grande, sino en el camino y con las actividades ordinarias de nuestra vida misionera. El P. Everardo se encuentra en la parroquia de Acoyotla y yo he venido a acompañar a la comunidad en su programación anual, como representante del Consejo Regional, ¡todo estuvo fríamente calculado! Pero eso no es todo, los padres que se encuentran aquí también han festejado su aniversario sacerdotal, el P. Apolinar Rodríguez ha cumplido 35 años de sacerdocio y el P. Guillermo Arias 28. A esto se le llama gracia de Dios, ninguno de nosotros está en su lugar natal, ni con nuestras familias de sangre, sino en la Misión y con la gente que nos ha dado el Señor, ellos son nuestra familia.
Cada uno de nosotros ha vivido este tiempo sacerdotal con muchas bendiciones, hemos compartido nuestras vidas y nuestra fe con pueblos como Mozambique, Camerún, RD Congo e Indonesia, hemos aprendido varios idiomas como don de Dios para anunciar su Palabra.
Al recordar nuestra ordenación queremos agradecer a nuestros papás, hermanos, hermanas y amigos que nos han acompañado en esta aventura misionera. Nuestro agradecimiento a las personas con quienes hemos vivido en las misiones, todos son parte de nuestra vocación. Gracias por su oración y solidaridad.
Nuestra historia se sigue escribiendo, por ello seguiremos esforzándonos en ser fieles a nuestro servicio misionero y donde quiera que Dios nos lleve ustedes irán con nosotros porque no olviden que nosotros somos misioneros con ustedes y ustedes con nosotros.
Gracias de nuevo a Dios por estos años de sacerdocio y a cada uno de ustedes que nos animan a seguir adelante.







