Misioneros Xaverianos en México

  • Enedino Calixto s.x.
  • Revista

Una opción diferente

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Soy Enedino, tengo treinta y dos años, nací en un ranchito cerca del municipio de Tlapacoyan en Veracruz y el menor de diez hijos del matrimonio entre Petra Domínguez y Epifanio Calixto. Contador público de profesión. Actualmente curso el último año de filosofía en Guadalajara.

Mi vocación

Mi vocación se la debo a mi madre, mujer sumamente piadosa. Durante mi infancia ella me hacía que la acompañara a participar en rosarios, misas, procesiones y todo lo que tenía que ver con la religión. Aunque siempre me oponía a ir con ella, al final acababa disfrutándolo.

Después de ser catequista durante cinco años y terminar mi licenciatura, comencé a ir a misiones en Semana Santa en mi parroquia. La última vez que fui me quedé tan emocionado por lo vivido que, a pesar de mi trabajo, de tener mi novia, que por cierto también iba a misiones, decidí dedicarme de tiempo completo a la misión. Lo que me marcó fue ver el hambre que tienen muchas personas por conocer más de Dios.

Cuando les comenté a mis papás que quería ser misionero se sorprendieron mucho, pues todo lo tenía. Poco a poco los convencí de que quería salir a misión como laico aunque fuera unos años y luego volvería. Mi novia me apoyó y también estaba interesada en ir de misiones, pero como aun no terminaba la licenciatura, tuvimos que alejarnos.

Mis amigos al saber mi decisión la cuestionaron duramente, les parecía una locura. Tenía mi trabajo, y todo estaba bien, pero algo me hacía falta, no sabría explicarlo. Sentía la necesidad de hacer algo más. Me consideraba un buen cristiano, solía ir a Misa los domingos, hora santa los jueves, ayudaba en mi parroquia con los grupos juveniles y también apoyaba en la catequesis. Sin embargo, era curioso que a veces, al volver de Misa me quedaba una sensación de insatisfacción, como si no fuera suficiente lo que hacía.

Así fue como comencé a buscar en diferentes institutos laicales, la forma de dedicarme a la misión. En esta búsqueda conocí la misión Ad gentes, de la cual me enamoré a partir de un taller misionero organizado por la OMPE en Ciudad de México.

Inicié mi discernimiento con un instituto laical. Pude, en menos de un año haber partido como misionero laico a Burkina Faso, pero en este período entendí que Dios me llamaba a hacer algo diferente. Comencé a entender la importancia de la vivencia de los votos y del sacerdocio en la misión, así que tomé la decisión de entregarme por completo a las misiones, esta vez ya como consagrado. Me puse en contacto con varias congregaciones religiosas misioneras, y así fue como conocí a los Misioneros Xaverianos mientras me encontraba en Guadalajara.

Mis motivaciones

Me motiva la misión Ad gentes. Siempre ha sido mi ilusión dar a conocer a Cristo a alguien que lo desconoce totalmente. Otra de las motivaciones por las cuales opté por la vida religiosa son los votos. Creo que la vivencia plena de ellos nos libera de muchas cosas que, en la actualidad, mantienen al hombre esclavo de sí mismo como de los demás. Experimentar una sensación de vacío, a pesar de tener prácticamente todo, fue muy fuerte para mí. Me considero un pecador que ha experimentado la misericordia de Dios en su vida, y eso me lleva a querer mostrar esta misericordia a todo el mundo.

Experiencia de misión

Además de mi experiencia misionera antes de ser xaveriano, he vivido la experiencia misionera de un mes en la huasteca, antes de hacer mi primera profesión, en la que realmente vi la necesidad espiritual de las comunidades. La pasada Semana Santa estuve en una comunidad de Acoyotla. Esta última vez, me tocó realizar las celebraciones litúrgicas y custodiar el Santísimo, esta ha sido una de mis mejores experiencias. Hay momentos en los que las ilusiones se van enfriando, perdemos las motivaciones originarias que nos trajeron aquí. Le doy gracias a Dios porque en esta experiencia he podido renovar y sentir nuevamente ese celo por predicar y dar a conocer a Cristo a las personas. No tengo un país o una región específica en mente para vivir la misión, creo que Dios nos lleva a los lugares donde sabe que somos capaces de dar fruto. Algún día espero cumplir mi sueño, evangelizar entre los no cristianos, no con palabras, sino con mi vida, con mi ejemplo y con mi actitud de servicio entre ellos.

Un consejo a los jóvenes

Ser radicales, no tener miedo cuando sientan ese llamado. No conformarse con lo que la sociedad nos propone como felicidad. Creo que algo que me ayudó fue siempre buscar una opción diferente para la vida. Podría estar casado y con hijos, pero nunca me conformé con la idea de que mi vida estuviera predestinada para esa opción, a pesar de que mi entorno social así me lo decía. Hay que tomar decisiones y jugarnos todo en esas decisiones, asumirlas, y vivirlas con plenitud. Dios le da todo, a quien se dona totalmente.