Misioneros Xaverianos en México

  • P. Carlos Abraham Zamora s.x.
  • Revista

La tentación de medir la eficacia

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Hace varios años, tuve la fortuna de dar un poco de apoyo en un magnífico retiro espiritual de un fin de semana, organizado por los jóvenes de la Pastoral Juvenil y un amigo sacerdote, en una parroquia de mi tierra natal. Participaban más de trescientos adolescentes que se preparaban a la Pascua. El equipo había trabajado arduamente organizando y preparando el evento, invirtió tiempo programando, realizando eventos para reunir fondos, ensayando cantos, escenificaciones, e invitando a la raza de sus colonias. Sin embargo, ya en la evaluación, algunos sentían una cierta frustración. ¿Vale la pena todo el esfuerzo para los aparentemente tan escasos resultados? ¿Podrían los muchachos participantes sentir en pocos días la presencia de Dios en sus vidas y convertirse de muchos de los malos hábitos? ¿Cómo medir el fruto de una actividad pastoral, si no se logra ver los resultados inmediatos de transformación en la vida de las personas destinatarias?

He encontrado esos cuestionamientos durante mi experiencia misionera en otras tierras, viviendo en carne propia o escuchando de las personas con las que colaboraba, la tentación de medir la eficacia del servicio por los frutos a corto plazo, los cuales pueden ser limitados. Muchas situaciones requieren compromisos de mayor duración, perseverancia y paciencia; y requieren ponernos en los zapatos de las personas a las que somos enviados.

Dios envía a los jóvenes a ser servidores, tarea siempre difícil. Sin embargo, a quien Él llama, el Señor le ofrece la luz de su Palabra entre las sombras más oscuras de nuestra ruta. Es relevante, por ejemplo, la imagen del siervo de Yahvé, cuatro cánticos que expresan la manifestación del amor entrañable de Dios, que se nos ofrecen durante la Semana Santa (Is 42,1-4; 49,1-6;​ 50,4-9; 52,13- 53,12).

La contemplación del siervo, plasmada en la pasión de Jesús, puede fortalecer el llamado al servicio que las generaciones presentes experimentan. Encuentro una gran cercanía entre el contenido de esos cánticos y el siguiente pasaje del cuarto de los libros clásicos de Confucio.

Cuando el cielo quiere conferir a alguien una difícil misión, antes pone a prueba la fortaleza de su ánimo y el equilibrio de su mente con las dificultades de una vida dura; fatiga sus músculos y todo su cuerpo con rudos trabajos, que ponen a prueba su resistencia; determina que no tengan éxito en sus empresas para que se enfrenten con el fracaso. De este modo, el cielo estimula sus virtudes, fortalece su cuerpo y les hace aptos para afrontar las dificultades con que tropezarán en el cumplimiento de su alta misión. La dificultad es lo que más estimula al hombre a vencer sus deficiencias y superarlas. Solo cuando se han padecido toda clase de privaciones y trabajos, solo cuando se ha visto el rostro de la miseria, solo entonces es posible conocer a fondo la naturaleza humana.

¡Ánimo! La fidelidad a nuestra vocación, puede ser consolidada con el arte del discernimiento, con la riqueza espiritual y literaria que ha acompañado a las almas inquietas de todas las épocas y nos fortalecerá en los desafíos y retos del anuncio del Reino de Dios.