La llamada de Dios en Cristo

 

Estos son nuestros pensamientos en todo momento mientras rogamos por ustedes: que nuestro Dios los haga dignos de su llamada y que, por su poder, lleve a efecto sus buenos propósitos, haciendo que su fe sea activa y eficiente. De ese modo el nombre de Jesús, nuestro Señor, será glorificado a través de ustedes y ustedes lo serán en Él, por gracia de nuestro Dios y de Cristo Jesús, el Señor (2Tes 1,11-12).   

En este año dedicado a los jóvenes, la oración se intensifica porque la realidad juvenil nos interroga. ¿A dónde vamos? ¿Cuáles son nuestros deseos, nuestras aspiraciones? ¿Tenemos una meta en la vida? Es cierto que el mundo lleva su curso con tantos avances cibernéticos y científicos, sin embargo, el corazón del joven pareciera que no alcanza a llenarse. ¡Un vacío invade su existencia!

Estos son nuestros pensamientos, mientras rogamos por ustedes (2Tes 1,11) dice el apóstol san Pablo a los tesalonicenses. Y la Iglesia toda entera, empezando por el Santo Padre, el papa Francisco, pide a Dios por la juventud, siempre considerada esperanza de la humanidad, y por la fe, considerada esperanza de la vida cristiana del mundo futuro.

¿A dónde iremos sin Cristo?

Es verdad que no podemos quedarnos atrás en todo progreso social, científico y tecnológico. La inteligencia humana lleva su curso y muchas otras cosas están por venir que deslumbrarán a la humanidad; sin embargo, sabemos que nuestra vida es conducida por la razón en sus dos dimensiones: favorece el bienestar de nuestras aspiraciones, colmándonos de satisfacciones por medio del progreso, y a la vez, la misma razón, guiada por la fe, favorece el bienestar de nuestro espíritu, comprendiendo gradualmente el misterio del ser humano, inmerso en un proyecto divino. No somos solo materia, sino también espíritu. La vida del espíritu llena esos vacíos que nos desconciertan.

¡Que nuestro Dios los haga dignos de su llamada!

Nuestra existencia viene de Dios. Estamos llamados a vivir en este mundo gracias al misterio del amor de Dios. Y para comprender la grandeza de la vocación a la vida, Dios se revela, Dios se hace vecino nuestro y pone su morada en lo más íntimo de nuestro ser. No existe realización completa si queremos desligarnos de Dios. El proyecto de Dios sobre nuestras vidas, lo descubrimos en la medida que nos acercamos a Él. Para que nuestra cercanía a Dios sea más eficiente, Dios mismo ha querido venir a nosotros en su Hijo Jesucristo. Cristo es quien llena nuestra vida. Por Él toman sentido nuestros proyectos sean materiales o espirituales. Quien elige vivir con Cristo, elige el camino de la glorificación. De ese modo el nombre de Jesús, nuestro Señor, será glorificado a través de ustedes y ustedes lo serán en Él, por gracia de nuestro Dios y de Cristo Jesús, el Señor (2Tes 1,12). 

Reflexión personal

¿He sentido vacíos existenciales, es decir: ganas de morir, tristeza y angustia, frustraciones por mis proyectos no logrados?

¿Qué lugar le he dado a Dios en mi vida? ¿Reconozco que el amor de Dios por mí, lo ha manifestado, enviándome a su Hijo Jesús? ¿Cómo es mi vida con Cristo?