La Misión en el corazón de la fe

El papa Francisco en su mensaje con motivo del DOMUND (Domingo Mundial de las Misiones) nos invita a reflexionar sobre la misión en el corazón de la fe cristiana.

Para entender bien este lema, sería necesario buscar el significado de cada una de las palabras principales de esta frase, pero creo que si comenzamos por el vocablo corazón, nos puede ayudar a comprender mejor.

El diccionario al hablar de corazón, nos dice que es el órgano central de la circulación de la sangre, sede y fuente de la sensibilidad afectiva y los sentimientos, en especial de la bondad y el amor.

Si nos detenemos en el primer significado, de acuerdo a lo que nos dice la anatomía, el corazón es la bomba que hace que nuestro cuerpo tenga vida, si el corazón se detiene la persona muere. Para funcionar bien nuestro corazón, necesita del oxígeno para que, a través de la sangre, pueda llevar los nutrientes necesarios al resto del cuerpo y pueda desechar aquello que no le sirve.

Relacionando está explicación con el lema del Papa, podríamos comparar al oxigeno con la misión y la sangre con una fe que motiva todo lo que hacemos y decimos. Ya que cuando una comunidad cristiana, no tiene como horizonte la misión, no solamente entendida como salir al encuentro de personas que sufren, que no conocen a Cristo y viven cerca de mí, sino sobre todo de aquellos que viven en otras partes del mundo, puede llegar a morir.

Pues cuando una comunidad cristiana solo se preocupa de aquellos que tiene al lado, puede caer en la tentación de encerrarse y pensar solo en sí misma, creyendo que ya ha realizado la misión porque se encuentran bien las personas que la componen, terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Pensar de esta manera, tarde o temprano, se puede correr el riesgo de considerar la fe como solo ideas que no tiene nada que ver con mi vida, los sacramentos como actos que tengo que cumplir, y ayudar a los demás, como oportunidades para sentirme bien conmigo mismo.

Es por eso que el Papa en su mensaje nos dice que debemos vivir en éxodo continuo, es decir, se trata de salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. La misión nos recuerda nuestra responsabilidad como discípulos de Jesús, frente a un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas.

El diccionario nos dice también que el corazón, es la fuente de los sentimientos sobre todo de la bondad y el amor. Creo que el Papa con el lema que nos propone para vivir la jornada del Domund de este año, nos invita a no solo conocer, sino sobre todo, abrir nuestro corazón a la misión, es decir, a querer la misión, para que a través de nosotros, Jesús se haga nuevamente contemporáneo como buen samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y como buen pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin meta.

Que el ejemplo de tantos sacerdotes, religiosos, religiosas, jóvenes y familias que viven en misión nos ayuden a convertirnos en callejeros de la fe, para compartir la alegría contagiosa del Evangelio, para que crezca en cada uno un corazón misionero, siempre dispuesto a participar a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, a dar respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización. Que la Virgen María nos ayude a decir sí, en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo.