Siempre lo mismo

Se han terminado las vacaciones, todo vuelve a la normalidad. Cuesta levantarse temprano, andar a las carreras para llegar a tiempo, las tareas, el trabajo… Después de unos días, uno se da cuenta que la vida sigue igual, nada cambia, pareciera que es siempre lo mismo… Y es cuando vemos el calendario y comenzamos a contar los días que faltan para nuevamente romper la rutina y tener otra vez unas merecidas vacaciones, para disfrutar de la vida.

Pensar de esta manera, a mi manera de ver, es desperdiciar un tiempo valioso que la vida nos ofrece, pues si nos damos cuenta ese siempre lo mismo, es lo que nos permite madurar como personas y nuestra relación con los demás.

Ese siempre lo mismo, ese contacto de todos los días con nuestros familiares cuando comemos, platicamos, salimos juntos, es lo que nos hace sentirnos familia; los momentos de convivencia con nuestros amigos, es lo que nos permite cultivar nuestra amistad, así como los momentos diarios de oración, nos permiten sentir la presencia del Señor en nuestras vidas, pues es al pie del Sagrario donde cada día hemos de templar nuestras energías para nuevas fatigas. Cumplir nuestros compromisos diarios, nos permite crecer en responsabilidad y tener paciencia ante la adversidad. Son los momentos de tranquilidad y alegría que nos ofrece ese siempre lo mismo que nos permite acumular energías para cuando la vida no nos sonríe.

Por otra parte, vivir siempre lo mismo, no significa no dejar paso a la novedad, al contrario, es lo que nos permite aprovechar la oportunidad de aprender continuamente cosas nuevas, de tener la posibilidad de poder conocer mejor a aquellas personas que son diferentes para allanar las diferencias, y poder entrar en diálogo con gente de otro pueblo como Jesús y la Samaritana

Es a través de las pequeñas cosas de vivir siempre lo mismo, lo que nos per- mite correr el riesgo de tomar nuestras propias decisiones y pagar el precio de nuestro ideal, para vender todo para comprar el terreno donde se encuentra el tesoro escondido, y estar dispuestos para aprovechar lo que la vida nos prepara para realizar grandes tareas desde las actividades cotidianas, para unirnos al gran equipo de personas que colaboran unos con otros para enfrentar los desafíos del presente y del futuro.

Vivir siempre lo mismo, es aceptar el reto de hacer que el siempre lo mismo, no sea siempre lo mismo, es decir, disfrutar cada momento de nuestra jornada como si fuera el último, dando lo mejor de nosotros para que cada día sea el mejor de nuestra vida.