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Un Si más consciente

El pasado 2 de noviembre de 2017, todos los co-hermanos de votos temporales de la región de México vivieron intensamente el acontecimiento de la renovación de los votos religiosos. ¿Cómo entender lo qué es la renovación de los votos? Sin duda alguna, debe ser una realidad que compromete. Sin embargo, trataremos de puntualizar unas convicciones a fin de poder compartir con todos los hijos de Dios que nos lean, lo que entendemos con la renovación de los votos.

De entrada, hay que enfatizar el hecho de que, con la renovación de los votos, el profeso temporal, acepta libremente volver al amor primero, para recordar lo que en el pasado, le movió el corazón. La cita bíblica que se encuentra en el libro de Oseas, manifiesta muy bien esta experiencia de recuerdo del primer encuentro con Dios Padre, que se puede calificar de amoroso: “por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón. (…) Y ella responderá allí como en los días de su juventud” (Os 2,16-17). Tal es la experiencia concreta y sublime que vivieron los hermanos de votos temporales de la región de México, con la celebración de la renovación.

Esta cita nos muestra que la renovación que se hace cada año, no es una mera formalidad, porque a través de ella se experimenta un encuentro vivo y verdadero con Dios, que indudablemente, es el primero en ser fiel en la relación amorosa que cada uno tiene con Él.

La renovación es por tanto, un paso más en el crecimiento del amor a Dios, que se concretiza y se hace vida en el amor hacia los hermanos. Vivir en estado de gracia para un religioso es mantener la relación de amor con Dios en la relación con los demás.

La renovación de los votos se vuelve una nueva oportunidad para lanzarse a metas más altas, empezar una nueva experiencia de amor, de manera más resuelta, con más determinación, mayor compromiso, con la firme esperanza de que es Dios mismo quien hace el camino con el creyente. Es Dios quien protege la vocación, es Dios quien alienta en la vivencia de los votos de pobreza, castidad, obediencia y misión.

Por otra parte, aun cuando para hacer los votos se necesita tener suficiente madurez humana y espiritual, no significa que ya se haya logrado definitivamente. Según el monje Anselmo Grün, la madurez es un camino nunca acabado, que debe manifestarse en signos visibles de la adquisición de valores que, ante todo, vuelven más humano, y que encaminan hacia una vida siempre más entregada, orientada hacia un “magis”, un cada vez más y no cada vez menos.

Ojalá que nuestra renovación nos ayude cada vez más a tomar conciencia del don que hemos recibido de Dios con la consagración religiosa, y nos comprometa a ser también un don para los demás, como Cristo, Pan ofrecido, compartido y comido. Retomando las palabras del Rector de la Teología internacional de la ciudad de México, el padre José de Jesús Romero Vera, en ocasión del último encuentro de preparación antes de la renovación, nos invitó a nunca olvidar que la formación cristiana tiene como finalidad el ir configurándonos con Cristo, con sus sentimientos, proyecto de vida, opciones y misión. Finalidad que no difiere en cuanto a la formación de base del consagrado.

Retomando el documento Vida Consagrada en el n° 65, resalto con vehemencia: “el fin de la vida consagrada consiste en la conformación con el Señor Jesús y con su total oblación, a esto se debe orientar ante todo la formación. Se trata de un itinerario de progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo hacia el Padre.” Añadiendo que la consagración bautismal es la base de la consagración religiosa, ambas se caracterizan por la totalidad, de allí que debe confirmarse la convicción de que pertenecemos enteramente a Dios. Para corroborar esta convicción quisiera citar este hermoso pasaje de la Escritura: “Todo es de ustedes. Y ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.” 1Cor 3,23.

Ojalá que el Señor nos ayude, en su amor inconmensurable, a todos los profesos temporales de la familia Xaveriana, a entregar cada día nuestra voluntad al Señor a través de un SÍ radical y comprometido, para un futuro glorioso en Cristo de la familia entera.