Intuición misionera

Cuándo y cómo monseñor Conforti tuvo su intuición misionera? Si es posible decir algo al respecto se podría señalar:

El enamoramiento por las misiones en tercero de secundaria 1878 – 1879.

Un factor determinante ha sido la lectura de la biografía ilustrada de san Francisco Xavier.

Otro elemento ha sido la visita al Instituto de san Calogero en Milán.

La lectura de las crónicas misioneras publicadas por Propaganda Fide.

Dice Jacques Maritain que estas son intuiciones creativas al mismo tiempo sencillas y germinales, cargadas de expectativas y de utopías, capaces de encauzar a la persona, pero capaces de desaparecer. Lo cierto es que la figura de Francisco Xavier lo acompañará para siempre en la realización de su proyecto. Una fuente de inspiración muy importante fue la lectura de las crónicas de los anales de Propaganda Fide que le hace desear colaborar con las misiones Ad gentes.

Estas experiencias le animan a entrar en contacto con algunos institutos misioneros como el de los jesuitas (1879-1881) para ver la posibilidad de ingresar a la Compañía para dedicarse a las misiones entre los no cristianos, la respuesta fue que no se aceptaba solicitudes que ponían como requisito ir a un lugar concreto. Al comienzo de 1885, cuando tenía veinte años y estaba en plena crisis a causa de su salud, escribe una carta directamente a don Bosco, anexando una oferta, pidiendo oraciones por su propia vocación y ofreciéndose para una de las misiones comenzada diez años antes.

La respuesta fue solo un agradecimiento por la ayuda, pero sin ninguna mención a su posible ingreso con los salesianos. Surge una pregunta, ¿por qué de 1881 en adelante no se sabe o no se tiene documentado nada respecto a su pasión misionera, excepto la solicitud a don Bosco? Una respuesta podría ser que su enfermedad lo hacía ser consciente de no poder asumir tal empresa.

Pero esta imposibilidad lo llevará a pensar en abrir un seminario para formar misioneros y así realizar su sueño. Recobrar la salud, a Guido le abre el camino hacia el sacerdocio y le abre la posibilidad de cumplir su sueño misionero. A partir de 1889, se pueden contar al menos ocho menciones de los sueños anhelados en las cartas que enviaba a su amigo Venturini. Se puede decir que en este periodo es cuando se ve la posibilidad de que el sueño se haga realidad, ya no como misionero, sino como formador de misioneros. Su experiencia como educador en el seminario y la posible herencia paterna que recibiría, eran como señales que le decían que un día no muy lejano su proyecto se haría realidad.

 

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