Trabajando por la Iglesia

Vocación de los Misioneros Xaverianos

Los Misioneros Xaverianos somos una familia religiosa-misionera, fundada por San Guido Maria Conforti, obispo de Ravena, Italia.

El nombre y tarea de nuestra congregación nace de una experiencia viva que, en los años de su juventud, nuestro fundador tuvo mientras leía con gran interés la vida de San Francisco Xavier, cuando era aún seminarista. Lo que admiraba de este santo era su pasión y entrega para dar a conocer a Cristo en tierras lejanas. 

Lo que más impactó en la vida personal de San Guido Maria Conforti, fue que tras haber evangelizado gran parte de la India, San Francisco Xavier toma la firme decisión de  partir hacia China, pues consideró que en ese lugar había mucha gente que necesitaba conocer la misericordia y la salvación que ofrece la palabra de Dios. En el trayecto, San Francisco Xavier muere, y con él una misión y un sueño quedó incompleto, un sueño que no sólo pertenecía a una persona, sino que también era el sueño de Cristo y su Iglesia. 

San Guido Maria Conforti considera que esa misión debe de ser completada, y nadie más que él —que ha tomado conciencia de la situación— para continuar el trabajo de San Francisco Xavier. Sin embargo su salud y las necesidades pastorales de su Iglesia, le impidieron dedicarse a la misión anhelada.

Inspirado por el Espíritu, funda a los Misioneros Xaverianos con el propósito de cumplir la tarea de San Francisco Xavier: evangelizar en China. Los primeros misioneros de esta congregación fueron enviados a ese país asiático. 

Tras la implantación del socialismo en China, los misioneros fueron perseguidos, torturados y expulsados del país, juntos con miles de cristianos más, una crisis que después de todo propició la expansión de los Misioneros Xaverianos en diversas partes del mundo. Hoy, la congregación se encuentra presente en más de 20 países, en cuatro de los cinco continentes, con la esperanza de tener presencia en Oceanía. 

Vivimos en comunidad, trabajando para ser una familia evangelizadora, enriquecida con la presencia de hermanos de diversas culturas, de diferentes partes del mundo. 

A través de los votos religiosos que hacemos, nos comprometemos a vivir como hermanos, de hacer propia la pasión de San Francisco Xavier, dedicando nuestra vida, tiempo y energía a la misión primordial de la Iglesia: anunciar a Cristo entre aquellos que no lo conocen, especialmente entre los más necesitados de su misericordia. 

Los lugares a donde somos enviados, tratamos de hacer realidad la utopía de nuestro santo fundador: “Hacer del mundo una sola familia”.

El ideal de nuestro carisma se concreta en diversas maneras de vida como la vida sacerdotal, los hermanos religiosos y su participación con las hermanas Xaverianas , y la adhesión de otros sacerdotes pertenecientes a otras congregaciones o carismas que también desean vivir la misión ad gentes, temporal o prolongadamente. 

Aún más. Nuestro carisma se enriquece con la participación de los hermanos laicos, que desean compartir de diferentes maneras la pasión de la vida misionera de San Francisco Xavier.