Mi vocación misionera

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Si regresáramos el tiempo a cuando tenía diez años y me hicieran la pregunta: Oye, ¿te gustaría ser misionero? Les aseguro que no sabría que responder, sin embargo, el querer conocer más a fondo sobre mi vocación, el llamado especial que Dios me hacía, fue lo que posteriormente me dio el empujón para que a mis catorce años pudiera decir: Pues, no sé exactamente qué es eso, pero… vamos a ver qué es.

El llamado que Dios hace a seguirlo no es algo que esté dado de forma explícita, sino que hay que descubrirlo, es decir, no es que te llegue por un mensaje de Whats y al leerlo te diga: Hola k tal querido hijo, soy Jesús, te llamo para k seas mi misionero. No, nunca se presentan las cosas de esta manera. Sin embargo, Dios usa muchos medios para invitarte a entrar en ti y preguntarte: ¿Qué misión especial tiene Dios para mí?

En mi caso Dios no fue muy creativo en su llamada, no recibí visitas celestiales ni sueños especiales, ni tampoco signos en el cielo, fue muy pero muy ordinario, un amigo de la secundaria quería ir al preseminario, pero no quería ir solo, así que me invitó a vivir esa experiencia. Mis padres no se opusieron, así que participé al preseminario. Lo que encontré fue algo tan diferente a lo que pensaba que cuando llegué me dije a mí mismo: Parece que aquí hay algo que no se puede explicar, pero creo que este es mi lugar.

A veces da miedo enfrentar algo diferente, algo nuevo, sobre todo cuando nos cerramos a la posibilidad de que Dios nos llama por el camino de la misión. A veces me suelen preguntar: Padre y usted ¿por qué entró al seminario? Al principio me daba vergüenza responder, ya que mi motivación más fuerte para ingresar al seminario fue porque tenía cancha de futbol, pero interiorizando más a fondo pude reconocer que la verdadera pregunta, no fue por qué entré al seminario, sino más bien, por qué me quedé en el seminario sabiendo que en muchas otras partes había canchas de futbol. La respuesta es porque reconocí que Dios me llamaba a la vocación misionera, no lo impone a la fuerza, sino que me dejaba en la libertad de responder.

Por eso estimado amigo, te invito a que te des la oportunidad de conocer más de acerca la vocación misionera, no tengas miedo a lo que pueda suceder, Dios irá colocando las cosas para que puedas clarificar tu respuesta. Yo le hice caso y te aseguro que descubrí un mundo tan estupendo al decidir acompañar a un amigo al seminario, el cual me lo hubiera perdido si por miedo o por vergüenza no hubiera hecho esa elección. Mi vocación misionera por los medios más cotidianos ha sido mi tesoro escondido que finalmente encontré.